viernes, 27 de mayo de 2011

"El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna;
y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida". (Juan 5:24).

"El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25).

Marc-Vivien Foé era un futbolista talentoso del equipo nacional de Camerún. Se había preparado con esmero para un encuentro con Colombia, y todo su país contaba con una brillante actuación por su parte en ese día de junio de 2003. Desde el noveno minuto su equipo abrió el marcador y ya todo el mundo vislumbraba la victoria.

Pero en el minuto 28 del segundo tiempo, sin ninguna razón aparente, Marc-Vivien se derrumbó sobre el césped, bajo los ojos espantados de millones de espectadores. Permaneció tendido con los ojos en blanco. Los médicos acudieron y trataron de reanimarlo, pero todo fue en vano. Murió unos minutos después a los 28 años de edad.

Sin cesar, la vida nos obliga a prepararnos para un examen, un oficio, un viaje, una visita, un casamiento u otra cosa. Pero a través de los años, la misma advertencia resuena: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Ámos 4:12). Quizás usted piensa que todo termina con la muerte. Entonces, cuando haya cerrado los ojos a la luz, comprenderá, demasiado tarde, su trágico error.

Pero he aquí una buena noticia: el que cree en el sacrificio expiatorio de Jesús de Nazaret, confesando sus pecados y su culpabilidad, arrepintiéndose y convirtiéndose ante Dios no será condenado, sino que gozará de la vida eterna junto a Jesucristo, Aquel que lo salvó.

(Leido en amen-amen.com)

Saludos
Fernando Zárate

miércoles, 11 de mayo de 2011

El principio que no seguimos

Desde el principio de los tiempos en los individuos se ha manifestado un fenómeno, el querer vivir en unidad y el no poderlo lograr.
A pesar que somos por naturaleza sociables, considerando que "la sociedad es el conjunto de individuos que interaccionan entre sí y comparten ciertos rasgos culturales esenciales, cooperando para alcanzar metas comunes", en la práctica no lo hemos logrado.

La importancia de vivir en unidad es tal que todos sabemos ese dicho que dice "divide y vencerás"; por que precisamente el romper la unión nos lleva a la derrota.

Pero bueno, el mundo se ha caracterizado en esforzarse por no vivir en unidad.
Por eso hoy me quiero dirigir a todo hombre o mujer que dice que ha creído en Dios; y que además ha reconocido que por la obra del Señor Jesucristo, él o ella han encontrado perdón, reconciliación y una nueva vida, para que retomemos un principio bíblico que hoy mas que nunca debemos de llevar a la práctica: el principio de la unidad.

Y para hacerles recapacitar les voy a mencionar los siguientes textos:
(Jn 17:20-23) Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado
.

(Mt 18:19) Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

¿Sobre qué debemos de recapacitar?
En primer lugar que el principio de la unidad es el principio de DIOS, porque Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo son uno solo.

Y también el Señor nos dice que solo estando dos de acuerdo por una misma cosa que pidieren les será hecho. Y este es otro principio: en la oración está la verdadera unidad.

Por lo tanto amados del Señor ya es tiempo de que empecemos a poner en práctica estos principios, empezando por buscar la unidad y esta por medio de la oración grupal.

Shalom